LOS PMM “se hace camino al andar”.

Publicado: 15/04/2005 en Advocaçy y Activismo

  Es saber “corriente” entre los técnicos que trabajamos en el contexto de la reducción de daños, que los programas de sustitución de agonistas  opiáceos, y mas concretamente los PMM sin entrar en otros (pues han sido y son la base de intervención de estos programas), que entre otras cosas, “soportan” gran precariedad de recursos a niveles científicos, económicos y políticos.

 

Actualmente los “varemos” de efectividad “en términos de reducción de daños” se dirigen principalmente hacia daños causados a la sociedad, reducción de la criminalidad,  seguridad ciudadana, canalización sanitaria etc., ósea datos “fáciles”  de utilizar, pero que no contemplan datos en términos de calidad de vida en la salud ó de bienestar de los usuarios ni de sus familiares directos.

 

Últimamente se han hecho diferentes investigaciones sobre la valoración de estos programas PMM, incluso desde su “rentabilidad” económica, (coste-beneficio) en comparación con otros servicios “regulares” sanitarios, todo esto con la intención de dar una respuesta biomédica a unos problemas de índole social, determinados y guiados  por normas sociales y morales  “convencionales” ; pero  sin una relación clara de “actuación de salud” y de bienestar de los usuarios de estos programas sanitarios. 

 

La triste realidad es que la perspectiva de calidad de vida de los usuarios de los programas y de sus familias, ha jugado, más que en cualquier otra disciplina medica, un papel marginal en la extensa literatura elaborada en torno a los PMM, la cual tiende en gran medida a ignorar la perspectiva del usuario y las dinámicas de los programas que no producen los resultados esperados.

 

El desinterés que han demostrado hasta ahora dichos estudios  (desde la perspectiva  indicada) a entrar en valoraciones de carácter no “tan positivo del tratamiento” (reducción del consumo de otras drogas, trastornos siquiátricos, dependencia clientelista, perdida de derechos de ciudadanía, dificultad de desarrollo social, etc..) nos indica la necesidad de “revisar” las bases conceptuales y practicas de actuación de estos programas, ofreciendo un mas amplio enfoque asistencial que responda con mayores garantías de éxito a los diversos perfiles de pacientes y a la transversalidad de su situación familiar-social.

 

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